viernes, 18 de julio de 2008

PASEO DEL ARENAL 1.920

MUELLES DEL ARENAL

DESAPARECIDA CASA DE MARTIN SAEZ DE LA NAJA EN ABANDO

LA ENFERMERIA EN BILBAO (IV)

Cuidadores de enfermos

La tercera de las líneas de profesionales que ha contribuido a la creación de la moderna profesión es la que más se asemeja a lo que entendemos habitualmente por “enfermería”. Representada en principio por las personas encargadas de cuidar a los enfermos en los hospitales o en su domicilio, ha desarrollado una gran variedad de especialidades y subespecialidades, pero no ha perdido nunca su norte constituido por ese concepto de “cuidado al enfermo”. Así como los practicantes y cirujanos romancistas solían ser varones, las mujeres han constituido tal abrumadora mayoría entre los cuidadores de enfermos que han dado género al nombre de la profesión: “enfermera”.
Las primeras cuidadoras de enfermos que nos vamos a encontrar en Bilbao son las “beatas” o “beguinas”, nombre con el que se conocía en el Medioevo a las mujeres que, sin ser monjas, hacían vida en comunidad para mejor cumplir sus deberes religiosos; en Bilbao no se regían por una regla que exigiera clausura y prestaban especial atención al cuidado de enfermos y moribundos, tanto en el hospital como en los domicilios privados, por lo que solían ser muy apreciadas entre el vecindario, quien solía mostrar su agradecimiento con pequeños o grandes donativos, imprescindibles para la subsistencia de estas comunidades; comunidades que, por otra parte, no exigían una dote para ingresar en ellas y carecían de esta fuente de ingresos, habitual en los conventos de monjas. Los beateríos situados en los hospitales bilbaínos, o junto a ellos, tenían una especial dependencia de las autoridades municipales. El oficio de beata del hospital requería un aprendizaje y era bastante solicitado, pudiendo acceder a este oficio sólo las nacidas en la Villa.
A comienzos del año 1583, tanto los beateríos de Bilbao como los de Abando, fueron requeridos a la observancia de la clausura monacal bajo prohibición de admitir nuevas aspirantes. Tal requisitoria fue hecha por disposición del Breve Circa pastoralis del Papa Pío V, en cumplimiento de las ordenaciones del concilio de Trento sobre la observancia de la clausura en los monasterios; así fue como los beateríos bilbaínos, a pesar de la resistencia que opusieron y del apoyo que recibieron para ello de las autoridades municipales, tuvieron que elegir entre transformarse en conventos de clausura o desaparecer.

BILBAO LA VIEJA SE ENGANCHA A MIRIBILLA

El primer barrio de Bilbao y el último ensanche de la villa se darán la mano dentro de un año y medio. Surbisa ha comenzado la última fase de urbanización de la zona baja de Bilbao La Vieja que engarzará el puente de San Antón y la calle Claudio Gallastegui, para crear un eje vertebrador entre el Casco Viejo y Miribilla. Es el último paso de una compleja operación urbanística que arrancó en 1999. El Ayuntamiento y el Gobierno vasco unieron fuerzas para regenerar Bilbao La Vieja y enlazar dos polos de la villa.
Fueron demolidos 12 edificios de las calles Cantarranas e Iturburu y nació la calle Claudio Gallastegui. Su primer tramo -entre la calle Mina San Luis y la avenida Askatasuna de Miribilla- está abierto al tráfico. La urbanización del resto de la vía -que hace honor al párroco de San Antón- se está ejecutando actualmente y con esta última fase del proyecto se remodelarán, además, las plazas Bilbao La Vieja y Tres Pilares, así como la propia calle Bilbao La Vieja. La principal novedad respecto a la organización actual de la zona es que estos tres puntos serán semipeatonales. La acera y la calzada estarán al mismo nivel y tendrán idéntico pavimento, para dar prioridad al viandante.
Escalinata diáfana
Surbisa también pretende aumentar los espacios libres de esta zona, especialmente densa. De hecho, el solar correspondiente al número 27 de la calle Bilbao La Vieja se convertirá en un segundo nexo entre el barrio y la zona baja de Miribilla, mediante la construcción de una escalinata de trazado diáfano. Según explicó la presidenta de Surbisa, Julia Madrazo, «se trata de un proyecto estratégico porque generará entornos saludables y contagiará a la rehabilitación privada de viviendas». También argumentó por qué el Gobierno vasco lidera el proyecto. «El Departamento de Vivienda levantará 95 pisos en la zona de Tres Pilares y le interesa tener un entorno lo más digno posible».
Este último estadio de las obras se ejecutará en dos fases. La primera no afectará a la circulación porque se centrará en la remodelación de las plazas y el solar de la escalinata. La segunda, que comenzará dentro de seis meses, sí obligará a cerrar el tráfico porque será cuando se trabaje sobre la calzada. Tal y como avanzó Madrazo, «hemos atendido las peticiones vecinales y se utilizará un pavimento que reduzca las vibraciones que provoca el paso de los autobuses urbanos».
Del mismo modo, Surbisa respetará la propuesta vecinal de que las dos plazas tengan poco mobiliario urbano «para no entorpecer el paso en estas zonas, que tienen mucho tránsito de peatones». Durante cerca de 10 meses, el tráfico permanecerá cortado en la calle Bilbao La Vieja, así que la solución para los conductores durante ese tiempo será la propia calle Claudio Gallastegui, que se abrirá de forma provisional.
Por Claudio Gallastegui
Tal y como detalló Madrazo, «este es el motivo de que hayamos tenido que esperar para ejecutar la reforma. La calle Claudio Gallastegui, actualmente en obras, tenía que estar suficientemente avanzada como para poderla abrir provisionalmente». En total, esta última fase se prolongará al menos durante 15 meses y el presupuesto del proyecto roza los 2,5 millones de euros.
«Hemos cuidado especialmente el diseño de esta intervención, en línea con la imagen urbana y moderna que está consolidando la ciudad», comentó la presidenta de Surbisa. «Pero, sobre todo, hemos querido devolver la vida urbana a las personas que habitan este barrio histórico. Hemos dado un trato preferencial a los vecinos».